Otro día de gracia en Costa Rica.

Sábado, 15 de junio, 2013
Escrito por Andrea MacEachern 
El tramo final de mi aventura en Costa Rica – Una Noche en el Arenal Observatory Lodge, un volcán imponente y mi primer encuentro con una serpiente  venenosa.
Llegué al  Arenal Observatory Lodge tarde en la noche después de un viaje lleno de baches a lo largo de una carretera oscura en el área del parque nacional. El registro en la recepción transcurrió sin ningún inconveniente  y por suerte, mi habitación estaba lista y esperando por mí. A pesar de que era tarde,  me pregunté si la piscina estaría todavía abierta al público y para mi sorpresa,  me informaron que sí podía hacer uso de ella, así es que me puse  mi traje de baño y disfruté de un relajante baño. ¿Y por qué no? Tuve un día largo. Fue una noche hermosa, tranquila, con temperaturas rondando los 25 grados Celsius incluso a esa hora y tenía la piscina sólo para mí.
Arenal Volcano from Arenal Observatory Lodge Si no hubiera estado tan cansada, me habría quedado más tiempo despierta y dando vueltas alrededor del hotel ya que era tan tranquilo y silencioso, excepto por los sonidos de los monos aulladores y varias especies de animales tropicales que salen por la noche. Mi habitación era muy amplia y cómoda y permitió que algunos de esos sonidos se escucharan  en su interior y con esos sonidos me quedé dormida. Me desperté sorprendentemente temprano, alrededor de las 5:30 am para ser exactos, y me retiré a mi pequeña terraza para admirar la vista de la salida del sol con una vista perfecta del volcán justo justo frente a mí.

La niebla se había levantado y pude ver el volcán Arenal en su totalidad! No me di cuenta que el volcán estaba allí fuera de mi ventana,  ya que cuando me registré estaba muy oscuro y estaba demasiada desorientada para saber exactamente donde estaba. Supongo que se puede decir que verdaderamente tenía una habitación con  vista!

Hanging Bridges at Arenal Observatory Lodge No fue hasta cuando dejé mi habitación por la mañana que fui capaz de ver la verdadera belleza del hotel  y su exuberante vegetación, verde y montañoso. El alojamiento en sí estaba muy limpio, bien cuidado y con estilo renovado, y con muchas actividades al aire libre para disfrutar del ambiente que rodea. Los jardines del Arenal Observatory Lodge eran grandes, con muchos senderos y espacios verdes. Yo no tuve tiempo para hacer todas las caminatas pero  hice una caminata guiada esa mañana

Durante unas horas, me paseé por los jardines, admirando las vistas y escuchando los  interesantes sonidos de la naturaleza que me rodeaban. Me sentía un poco inquieta por caminar sola  en las zonas boscosas,  con miedo a las serpientes. La noche anterior, mi preocupación por las serpientes fueron validados por un empleado del hotel. No soy un gran fan de las serpientes por lo que desde ese momento, mis sandalias se quedaron en mi maleta y zapatillas de deporte, pantalones largos y calcetines eran mi atuendo preferido a pesar del calor. No quería permitir que la posibilidad de conocer a una serpiente me detenga por completo de aventurarme en la selva, así que opté por una excursión guiada por los senderos.

El desayuno, al igual que todas las comidas que comimos en Costa Rica, era absolutamente delicioso y abundante, con mucho para elegir en la mesa de buffet. La vista del volcán desde el restaurante sólo hizo que todo fuera mucho más agradable. Cuando terminé de comer mi desayuno, me encontré con mis compañeros de excursión y guía a las 8:30 am. Durante un par de horas, tuve la oportunidad de disfrutar de la verdadera serenidad y pureza del lugar. Los árboles altos, fuertes pendientes, plantas coloridas, campos ondulantes, montañas distantes, un puente colgante, algunos pavos salvajes y monos aulladores, un extraño animal que había visto unas cuantas veces en mis viajes por el país, pero que no puedo recordar el nombre y una hermosa catarata, fueron algunas de las cosas que vi en esta corta caminata. Por mucho que yo no quería encontrarme cara a cara con las serpientes, tuvimos la oportunidad de ver una  víbora venenosa profundamente dormido en una rama. Afortunadamente, no se despertó y vencí mi miedo lo suficiente para ponerme a unos pocos metros de la criatura mortal y tomar algunas fotos antes de retroceder en silencio y seguir adelante. Esperaba ver una serpiente venenosa y mortal mucho más grande, pero esta era muy pequeña. Al final de la caminata regresamos a la recepción  transportados por un tractor, lo cual fue bueno porque  estaba cansada y con calor en ese momento.
Hubo una serie de tours disponibles en el hotel como excursiones de observación de aves, caminatas guiadas, paseos en kayak, paseos a caballo y rafting, pero, por desafortunadamente el tiempo no me permitió hacer uso de cualquiera de ellos. Tenía que coger un avión al día siguiente en San José,  que me traería vuelta atrás a través de Houston, Toronto y Halifax antes de llegar al frío y nevado  Cabo Bretón. Como tenía un poco de tiempo libre paseé por los jardines del Observatorio Arenal y visité el museo donde aprendí mucho sobre la zona, incluyendo la historia y por supuesto, sobre el famoso Volcán Arenal. Aunque el volcán no estaba activo mientras que yo estaba allí todavía era increíble ser capaz de observar y aprender de ello.
Mi viaje de regreso a San José llegó a media tarde y en lugar de tomar la misma ruta en la que vine, mi conductor tomó una ruta diferente a la ciudad, así que fui capaz de ver más del país. Esta ruta nos llevó por montañas y zonas boscosas a lo largo de carreteras con mucho viento, a través de la división continental y en un tramo de la Carretera Panamericana hasta llegar de vuelta a la ciudad. No llegué a ver mucho de San José, pero  por la noche decidí por lo menos hacer un recorrido a pie  por el barrio de mi hotel y ver lo que había alrededor. Era un típico barrio de ciudad con negocios de comida rápida, un centro comercial y carreteras transitadas con muchos peatones  donde tuve la oportunidad de tomar algunas fotos de la ciudad. La peor parte de todo mi viaje fue el día siguiente cuando me encontré de nuevo en los aeropuertos esperando vuelos y haciéndole frente a los dolores de cabeza que vienen con el vuelo y encima de eso, no deseando desembarcar mi avión en Sydney, Nueva Escocia donde  diez centímetros de nieve blanca, esponjosa y fría  había caído la noche anterior